Por analogía

Un argumento de analogía es aquél en el que se concluye que dos cosas tienen cualidades similares porque se parecen en algún aspecto.

Un ejemplo de argumento por analogía es el siguiente:

Las ratas poseen un sistema nervioso y un cerebro desarrollado. Los humanos también tienen un sistema nervioso y un cerebro desarrollado. Cuando se expuso a las ratas al agente neurotóxico disulfuro de carbono, la totalidad de las ratas sufrió neuropatía periférica. Si se expone a los humanos al disulfuro de carbono, todos ellos también sufrirán neuropatía periférica.

Si observamos el argumento anterior notaremos que la estructura estándar para crear un argumento por analogía es la siguiente:

  1. Premisa 1: A tiene las cualidades P, Q y R
  2. Premisa 2: B también tiene las cualidades P, Q y R
  3. Premisa 3: A tiene la cualidad S
  4. Conclusión: B también tiene la cualidad S.

Los argumentos por analogía se usan frecuentemente en aquellos casos en queremos que nuestro lector acepte una situación percibida como positiva y convencerlo para que finalmente la perciba como negativa. Lo mismo aplica para la combinación negativo-positivo.

Por ejemplo:

Atacar a los vecinos, asesinarlos y quedarse tomar objetos de su propiedad es inmoral. La guerra implica ir a un país vecino, matar gente y apropiarse de sus cosas. Por tanto, la guerra es inmoral.

A lo que alguien tal vez argumentaría que aún cuando la guerra y el robo con violencia comparten algunas características relevantes para una discusión moral: intrusión, violencia, robo y toma de propiedad ajena; la guerra, a diferencia del robo con violencia, se da generalmente entre países antagonistas cuyos ciudadanos están dispuestos a pelear hasta la muerte para proteger su territorio, lo que la hace moralmente aceptable.

Otra persona tal vez sutentaría la misma postura con un nuevo argumento de analogía:

Una pelea de box es moralmente aceptable pues se da entre dos combatientes dispuestos a luchar, la guerra se da entre dos combatientes dispuestos a luchar, por tanto, la guerra es moralmente aceptable.

Gladys Gahona